viernes, 25 de octubre de 2013

The Beginning of Everything - Robyn Schneider

El chico dorado, Ezra Faulkner, cree que todos tienen una tragedia esperándolos  —Un simple encuentro que lo cambiara todo. Su tragedia particular esperó hasta que él estuvo preparado para perderlo todo: en una noche espectacular, un conductor imprudente destruyó la rodilla de Ezra, su carrera deportiva y su vida social.
Dejando de ser el favorito para Rey del baile de bienvenida, Ezra se encuentra en la mesa de inadaptados, al lado de la chica nueva Cassidy Thorpe. Cassidy es diferente a cualquiera que Ezra haya conocido, dolorosamente natural, ferozmente inteligente y decidida a llevar a Ezra en sus interminables aventuras.
Pero a medida que Ezra se sumerge en sus nuevos estudios, nuevas amistades y un nuevo amor, aprende que algunas personas, al igual que los libros, son fáciles de malinterpretar. Y ahora debe tomar en cuenta: si la tragedia particular de alguien ya ha aparecido y todo lo que importa después de ella ha sucedido, ¿qué pasa cuando más desgracias aparecen?
The Beginning of Everything de Robyn Schneider es una novela lírica, ingeniosa y conmovedora acerca de lo difícil que es actuar el papel que la gente espera, y cómo los nuevos comienzos pueden ser el resultado de finales abruptos y trágicos.

Primer Capítulo

1

Traducido por Moni

Algunas veces pienso que todos tienen una tragedia esperando por ellos, que las personas comprando leche en sus pijamas o hurgándose las narices en los semáforos podrían estar a sólo momentos del desastre. Que la vida de todos, sin importar lo poco notable, tiene un momento cuando todo se vuelve extraordinario —un único encuentro después del cual todo lo que realmente importa va a suceder.
Mi amigo Toby se vino abajo con un mal caso de tragedia la semana antes de empezar el séptimo grado en la Escuela Secundaria Westlake. Éramos fanáticos del Ping-Pong ese verano, jugando descalzos en su patio trasero con aspiraciones hacia una especie de campeonato mundial. Yo era el mejor jugador, porque mis padres me habían obligado a tomar clases privadas de tenis desde que me habían dado mi propio tenedor en la cena. Pero a veces, por puro sentido de amistad, dejaba que Toby ganara. Era un juego para mí, ver cómo perder lo suficientemente convincente para que no se diera cuenta que lo estaba haciendo a propósito. Y así, mientras él practicaba para el mítico campeonato mundial de Ping-Pong, yo practicaba un tipo de anarquía bien intencionada hacia la convicción de mi padre de que ganar era lo que importaba en la vida.
A pesar de que Toby y yo éramos la clase de mejores amigos que rara vez buscaban la compañía de otros chicos de nuestra edad, su madre insistió en hacer una fiesta de cumpleaños, tal vez para asegurar su popularidad en la escuela intermedia —una popularidad que no habíamos disfrutado en la escuela primaria.
Envió invitaciones de Piratas del Caribe a una media docena de chicos en nuestro año con los que Toby y yo compartíamos un colectivo desinterés en socializar, y nos llevó a todos a Disneyland en la minivan color borgoña más asquerosa del mundo el último martes del verano.
Vivimos a sólo veinte minutos al sur de Disneyland, y la magia del lugar ya estaba muy gastada para finales del sexto grado. Sabíamos exactamente cuáles atracciones eran buenas y cuales eran una pérdida de tiempo. Cuando la Sra. Ellicott sugirió que visitáramos The Enchanted Tiki Room(1), la idea fue recibida con tanto desprecio colectivo que uno habría pensado que nos dijo que almorzáramos en el bar de ensaladas de Puerto Pizza. Al final, la primera —y única— atracción a la que fuimos fue The Thunder Mountain Railroad(2).
Toby y yo escogimos la última fila del tren, la cual todos saben que es la más rápida. El resto de los invitados estaban peleando por la primera fila, porque, aunque la última es la más rápida, la primera es inexplicablemente la más popular. Y así, Toby y yo terminamos divididos del resto del grupo por un mar de visitantes ansiosos de Disneyland.
Supongo que recuerdo el día con enorme claridad por lo que sucedió. ¿Conoces esas señales que tienen en las filas de los parque temáticos, con esas líneas negras y gruesas donde tienes que ser al menos así de alto para subir? Esas señales también tienen un montón de estúpidas advertencias, sobre que las mujeres embarazadas o personas con problemas cardiacos no deberían subir a las montañas rusas, y tienes que guardar tu mochila, y todos deben permanecer sentados todo el tiempo.
Bueno, resulta que esas señales no son tan útiles después de todo. Había una familia directamente frente a nosotros, turistas japoneses con gorras de Mickey Mouse que tenía sus nombre bordados en la parte de atrás. Mientras Toby y yo nos sentamos allí con el viento en nuestras caras y la montaña rusa haciendo un estruendo tan fuerte sobre las vías tambaleantes que apenas podías escucharte gritar, uno de los chicos del frente se puso de pie desafiante en su asiento. Estaba riéndose, y sosteniendo la gorra de Mickey Mouse sobre su cabeza, cuando el tren aceleró y entro en un túnel bajo techo. Los informes noticiarios dijeron que un chico de catorce años de Japón fue decapitado en The Thunder Mountain Railroad cuando hizo caso omiso a las advertencias de seguridad. Lo que los noticieros no dijeron fue cómo la cabeza del niño voló hacia atrás en su gorra con orejas de ratón como una especie grotesca de helicóptero, y cómo Toby Ellicott, en su duodécimo cumpleaños, atrapó la cabeza cortada y se aferró a ella en estado de shock durante la duración de la atracción.
No hay manera fácil de recuperarse de algo así, no hay respuesta mágica a las bromas de “atrapando la cabeza” que todos lanzaban en dirección de Toby en los pasillos de la Escuela Secundaria Westlake. La tragedia de Toby fue el asiento que escogió en una montaña rusa en su duodécimo cumpleaños, y desde entonces, ha vivido a la sombra de lo que pasó.
Pude haber sido yo, fácilmente. Si nuestros asientos se hubieran invertido, o si los chicos frente a nosotros hubieran cambiado posiciones en la fila en el último minuto, la cabeza pudo haber sido mi perdición en lugar de la de Toby. Pensaba sobre eso a veces, cuando nos distanciamos en los últimos años, mientras Toby se desvanecía en la oscuridad y yo me convertí en un éxito social inexplicable. A lo largo de la escuela intermedia y secundaria, mi sucesión de novias se reiría y arrugarían la nariz. —¿No solías ser amigo de ese chico? —preguntarían—. Ya sabes, ¿el que atrapó la cabeza cortada en la atracción de Disneyland?
—Aún somos amigos —diría yo, pero eso no era realmente cierto. Todavía éramos lo suficientemente amigables y ocasionalmente charlábamos en línea, pero nuestra amistad de alguna manera se había decapitado aquel año. Como el chico que se había sentado frente a nosotros en esa fatal montaña rusa, no había ningún peso sobre mis hombros.
Lo siento. Eso fue horrible de mi parte. Pero, honestamente, ha pasado mucho tiempo desde el séptimo grado y la historia se siente cono una historia horripilante de la que una vez escuché. Porque esa tragedia le pertenece a Toby, y él ha vivido estoicamente en sus consecuencias mientras que yo escapé relativamente ileso.
Mi propia tragedia esperaba. Esperaba golpear hasta que estaba tan acostumbrado a mi buena vida en un suburbio nada excepcional que ya había dejado de esperar a que algo interesante pasara. Que es por lo que, cuando mi tragedia personal finalmente me encontró, ya era casi demasiado tarde. Acababa de cumplir diecisiete años, era vergonzosamente popular, obtenía buenas calificaciones, y era amenazado con convertirme en eternamente poco extraordinario. 
Jonas Beidecker era a un chico al que conocía periféricamente, de la misma manera que sabes si alguien está sentado en el escritorio de al lado, o una enorme furgoneta en el carril izquierdo. Él estaba en mi radar, pero era apenas. Era su fiesta, una casa en North Lake con un jardín como mirador lleno de cervezas y hard lemonade(3). Había una maraña de luces navideñas colgadas por el patio, a pesar de que era el fin de semana del baile, y brillaban reflejándose en la turbia agua del lago. La calle estaba desordenada con autos, y yo había estacionado en Windhawk, a dos cuadras, porque era paranoico sobre ser chocado.
Mi novia Charlotte y yo habíamos estado peleando esa tarde, en las canchas después de la temporada de tenis. Ella me había acusado —déjenme ver si puedo decirlo exacto— “eludir responsabilidades presidenciales de la clase con respecto a la fiesta hawaiana anual de penúltimo y último año”. Lo dijo en esta manera toda estirada, como si debiera estar avergonzado. Como si su pronosticado fracaso de la fiesta anual me hiciera hacer una reunión de emergencia con la asociación de gobierno estudiantil en ese mismo segundo.
Estaba goteando sudor y tomando Gatorade cuando ella entró en la cancha con un vestido strapless que había estado escondiendo bajo una chaqueta todo el día. Sobretodo, mientras hablaba, pensé sobre lo sexy que sus hombros desnudos se veían. Supongo que me merecía cuando me dijo que yo apestaba algunas veces y que iba a ir a la fiesta de Jonas con su amiga Jill, porque no podía lidiar conmigo cuando estaba siendo imposible.
—¿No es esa la definición de imposible? —le pregunté, limpiando Gatorade de mi barbilla.
Respuesta equivocada. Dio uno de esos gritos pequeños que era más como un gruñido y se alejó. Por eso es que me presenté en la fiesta tarde, y aún usando mis pantalones cortos de tenis, porque sabía que enfurecería.
Guardé mi llave y saludé con un movimiento de cabeza a un grupo de personas. Porque era el presidente de la clase de penúltimo año, y también el capitán de nuestro equipo de tenis, se sentía como que estaba constantemente saludando a la gente a donde quiera que iba, como si la vida fuera un escenario y yo no era más que un pobre jugador de tenis.
Lo siento —juego de palabras. Es lo mío, porque hace que la gente se sienta a gusto, siendo capaces de rodar los ojos hacia el hombre a cargo.
Tomé un vaso del que no planeaba beber y me uní a los chicos de tenis en el patio. Era el equipo de siempre, y todos estaban en camino de estar borrachos. Me saludaron demasiado entusiasmados, y me aguanté los golpes en la espalda con una mueca amable antes de sentarme en una silla de piscina.
—¡Faulkner, tienes que ver esto! —gritó Evan, tambaleándose borracho mientras estaba de pie sobre una maceta. Estaba agarrando un flotador con forma de fideo de color verde eléctrico de la piscina, tratando de levantarlo, mientras Jimmy se arrodilló en el suelo, sosteniendo el otro extremo en su cara. Estaban tratando de hacer un embudo de cerveza con un fideo de espuma, lo que debería darte una idea de lo magníficamente borrachos que estaban.
—Ya derrámala —se quejó Jimmy, y el resto de los chicos golpearon los muebles del patio, haciendo redoble. Me levanté y oficié el evento, porque eso era lo que yo hacía —oficiaba las cosas. Así que me quedé de pie con el vaso de plástico, haciendo un discurso sarcástico sobre como esto era algo para el libro de los Record Guinness, pero sólo porque estábamos bebiendo cerveza Guinness. Era como en otras mil fiestas, otras miles de estúpidas maniobras que nunca funcionaban pero que al menos mantenía a todos entretenidos.
El embudo de fideo obviamente falló. Con Jimmy y Evan culpándose uno a otro, inventando excusas ridículas que no tenía nada que ver con la pobre física que habían desarrollado. La conversación comenzó sobre la fiesta después del baile —un grupo de nosotros iba a ir a una suite en el Four Seasons —pero sólo escuchaba a medias. Este era uno de los últimos fines de semana antes de que seamos de último año, y estaba pensando sobre lo que eso significaba. Sobre como estos rituales del baile, la fiesta hawaiana, y la graduación que habíamos visto durante años eran de repente personales.
Estaba ligeramente frío afuera, y las chicas se estremecían en sus vestidos. Un par de amigas del equipo de tenis vinieron y se sentaron en los regazos de sus novios. Tenían sus teléfonos afuera, de la manera en que lo hacen las chicas en las fiestas, creando pequeños halos de luz alrededor de sus manos.
—¿Dónde está Charlotte? —me pregunta una de las chicas, y me tomó un momento mientras me daba cuenta de que esta pregunta estaba dirigida hacia mí. —¿Hola? ¿Ezra?
—Lo siento —dije, pasando una mano por mi cabello—. ¿No está con Jill?
—No, no lo está —dijo la chica—. Jill está completamente castigada. Tenía como un portafolio. En un sitio web de modelaje. Y sus padres lo encontraron y se volvieron locos porque erróneamente pensaron que era pornografía.
Un par de chicos se animaron ante la mención de la palabra pornografía, y Jimmy hizo un gesto obsceno con el fideo.
—¿Cómo puedes pensar erróneamente que algo es pornografía? —pregunté, medio interesado por el giro en la conversación.
—Es pornografía si usas un disparador automático —explicó, como si fuera obvio.
—Claro —dije, deseando que ella fuera inteligente, y que su respuesta me hubiera impresionado.
Todos se rieron y comenzaron a bromear sobre pornografía, pero ahora que lo pensaba, no tenía idea de a dónde había ido Charlotte. Había asumido que la encontraría en la fiesta, que estaba haciendo lo que usualmente hacía cuando teníamos una de nuestras peleas: estar con Jill, rodarme los ojos y actuar enojada al otro lado de la habitación hasta que me acercara y me disculpara excesivamente. Pero no la había visto en toda la noche. Saqué mi teléfono y le envié un mensaje para ver qué estaba pasando.
Cinco minutos después, aún no había contestado cuando Heath, un chico enorme de último año del equipo de fútbol, caminó hacia la mesa. Había apilado sus vasos, y tenía cerca de seis de ellos. Supongo que él quería que fuera impresionante, pero para mí sólo era un desperdicio.
—Faulkner —gruñó.
—¿Sí? —dije.
Me dijo que me levantara, y me encogí de hombros y lo seguí hasta una pequeña pendiente cerca del lago.
—Deberías ir arriba —dijo, con tanta seriedad que no lo cuestioné.
La casa de Jonas era grande, con probablemente seis habitaciones, si tuviera que adivinar. Pero la suerte, si podías llamarla así, estaba de mi lado.
Mi premio estaba en la puerta número uno: Charlotte, un chico al que no conozco, y una escena que, si la hubiera capturado con la cámara de mi teléfono, habría sido confundida con pornografía, aunque esa no hubiera sido mi intención artística.
Me aclaré la garganta. Charlotte se aclaró la suya, aunque eso requería un poco más de esfuerzo de su parte. Se veía horrorizada de verme allí, en la puerta. Ninguno dijo nada. Y el chico maldijo y subió la cremallera de sus pantalones y preguntó—: ¿Qué demonios?
—Ezra, yo—yo —balbuceó Charlotte—. No creí que ibas a venir.
—Creo que él estaba a punto —dije con amargura.
Nadie se rió.
—¿Quién es este? —preguntó el chico, mirando entre Charlotte y yo. Él no iba a nuestra escuela, y me daba la impresión de que era mayor, un estudiante universitario pasando el rato en una fiesta de escuela secundaria.
—Soy el novio —dije, pero salió incierto, como una pregunta.
—¿Este es el tipo? —preguntó, entrecerrando los ojos hacia mí—. Podría con él.
¿Entonces ella le había estado hablando de mí con este imbécil? Supuse, si llegaba el momento, probablemente podría conmigo. Tenía un muy buen revés, pero sólo con mi raqueta, no mi puño.
—¿Por qué no mejor la tomas a ella? —sugerí, y luego me di la vuelta y caminé por el pasillo.
Habría estado bien si Charlotte no hubiera ido detrás de mí, insistiendo en que aún tenía que llevarla al baile el sábado. Habría estado bien si no lo hubiera hecho en medio de una sala llena de personas. Y habría sido diferente si no hubiera cuidado mi auto, estacionándolo en Windhawk para evitar la amenaza de conductores ebrios.
Tal vez, si una de esas cosas no hubieran pasado, yo no habría avanzado por la esquina del Bulevar Princeton en el momento exacto en que un SUV negro saliera disparado por la esquina y volara a través de la señal de alto.
No sé por qué la gente dice “golpeado por un auto”, como si el otro auto azotara físicamente como una especie de campeón de boxeo. Lo que me golpeó primero fue la bolsa de aire, y luego el volante, y supongo que la puerta del conductor y como sea que se llame esa parte contra la que tu rodilla se atasca.
El impacto fue ensordecedor, y todo parecía golpearse contra mí y crujir. Había un hedor del motor muriendo bajo el capó delantero, como a caucho quemado, pero salado y metálico. Todos corrieron hacia el jardín de los Beideckers, que estaba dos casas abajo, y a través del humo del motor, pude ver un ejército de chicas en vestidos strapless, sus teléfonos levantados, solemnemente tomando fotos del choque.
Pero yo sólo me quedé allí riendo e ileso porque soy un vampiro inmortal y tengo cien años.
De acuerdo, estoy bromeando contigo. Porque habría sido increíble si hubiera sido capaz de quitarme esto de encima e irme, como ese imbécil cabrón que nunca se detuvo después de aterrizar en mi Z4. Si tan solo toda la gente de la fiesta no hubiera entrado en pánico y escapado antes de que los policías pudieran atraparlos por beber siendo menores de edad. O si Charlotte, o sólo uno de mis supuestos amigos, se hubieran quedado para ir conmigo en la ambulancia, en vez de dejarme allí solo, medio delirante del dolor. O si mi madre no se hubiera puesto sus mejores joyas y tenido lápiz labial en los dientes antes de entrar corriendo a la sala de emergencias.
Es horrible, ¿cierto?, ¿cómo recuerdo mierdas como esas? Pequeños e insignificantes detalles en medio de un desastre masivo.
Realmente no quiero entrar en el resto, y espero que me disculpes, pero pasar por ello sólo una vez era suficiente. Mi pobre auto estaba destruido, justo como todo lo demás en mi vida. Los doctores dijeron que mi muñeca sanaría, pero el daño en mi pierna estaba mal. Mi rodilla había sido irremediablemente rota.
Pero esta historia no es sobre el duodécimo cumpleaños de Toby, o el accidente en la fiesta de Jonas —no realmente.
Hay un tipo de problema en la química orgánica llamado retro síntesis. Se te presentará con un compuesto que no ocurre en la naturaleza, y tu trabajo es trabajar hacia atrás, paso por paso, y averiguar cómo llegó a existir —qué tipo de condiciones llevaron a su eventual creación. Cuando terminas, si lo hiciste correctamente, la ecuación puede ser leída normalmente, por lo que es imposible distinguir la pregunta de la respuesta.
Aún pienso que la vida de todos, sin importar lo poco notable que es, tiene un singular encuentro trágico después del cual todo lo que realmente importa va a suceder. Ese momento es el catalizador —el primer paso en la ecuación. Pero sabiendo que el primer paso te llevará a ninguna parte —es lo que viene después lo que determina el resultado.


_____________________________
(1)Atracción ambientada al estilo hawaiano en la que se presentan una serie de shows de aves cantando, bailarines hawaianos, entre otras cosas. 
(2)Montaña rusa en la cual un tren pasa a través y sobre una montaña ficticia a gran velocidad.
(3)Bebida alcohólica canadiense que es una mezcla de limón y licor de malta.

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