viernes, 25 de octubre de 2013

Shooting Scars - Karina Halle [The Artists Trilogy, #2]

Sinopsis:
A veces, hacer lo correcto puede ser mortal.
Cuando Ellie Watt hizo el último sacrificio por Camden McQueen, nunca pensó que sería fácil. Pero se marcha con su ex amante, Javier Bernal, para garantizar la seguridad de Camden. Con los planes de Javier para Ellie creciendo más a cada momento, Ellie debe encontrar una manera de ir a la delantera antes que su pasado la consuma por completo.

Mientras tanto, la nueva vida de Camden dura poco. Alimentado por la venganza y perseguido por las autoridades, se alía con un socio poco confiable con el fin de salvar a Ellie. Pero mientras Camden cruza la línea entre el amor y la venganza, comprende que en su intento por conseguir a la mujer que ama puede perderse a sí mismo. Podría convertirse en el hombre que está cazando.





Primer Capítulo:

ELLIE

Traducido por Juli

—Querías que te atrape, ¿verdad? —La voz de Javier cortó mis pensamientos como un taladro. Parpadeé ante el desierto seco y áspero de Arizona mientras pasaba por delante de mi ventana, tratando de recordar lo que sucedía. Esto no era un sueño, no era una situación hipotética, esto era real. Me encontraba en la parte trasera de un todoterreno conducido por un hombre matón y el ex-novio de mis pesadillas estaba justo a mi lado. Yo le había dado a Camden una segunda oportunidad en la vida, en el amor, en todo dando un paso al costado. Ahora era prisionera de Javier, sus seis años de perseguirme finalmente habían llegado a su fin.
Estaba atrapada con un hombre que me amaría o me mataría. No había término medio con Javier Bernal.
—¿Verdad? —repitió. Por el rabillo de mi ojo, lo vi levantar la mano con desdén, para tapar el sol que entraba por las ventanas tintadas—. Oh, no es importante. Lo sé.
No quería morder el anzuelo. Quería seguir mirando por la ventana, fingiendo que esto no era cierto. Quería ignorar la ira que comenzó a picar en los dedos de mis pies, subiendo hasta mis miembros, y el asco y la derrota que estaba a punto de hundirse en mi pecho.
Él me había encontrado.
—Rastreaste mi celular —le dije, mi lengua pegándose al paladar seco.
Se rió entre dientes. El vello de mis brazos se erizó.
—¿En serio? Tu celular. Ángel, no eres Jason Bourne.
Quise reír burlonamente por la forma en que pronunció Jason y a la vez mirar con desagrado ante el uso de mi antiguo sobrenombre, Ángel. Era Ángel hace seis años. Ese ángel había muerto sobre las alas rotas y con el corazón roto.
Continuó—: No puedo rastrear tu teléfono a menos que tenga acceso físico a él.
—Entonces estabas rastreando el coche —dije, todavía mirando la ventana.
Otra risa escalofriante. —¿Siguiendo el coche todo este tiempo? Tenía gente vigilándolo, tú tomaste un gran riesgo conduciendo con un brillante signo “encuéntrame”. Pero no, no había ningún dispositivo de rastreo en el coche. ¿Por qué pondría uno en mi coche?
—Alguien podría robarlo.
—Sólo tú, querida.
Su voz bajó durante la última frase, convirtiéndose en algo extrañamente compasivo. Forcé a mis ojos a mirarlo e inmediatamente me arrepentí. Me di cuenta de que, hasta ese momento, había estado tratando de ver a través de él como si fuera un holograma.
El cabello de Javier ahora era largo, pero grueso y oscuro. Su rostro había adelgazado un poco en los últimos años y su construcción era de alguna manera más amplia, más fuerte. Tenía el aspecto de un león de ojos amarillentos en un traje de lino blanco, una criatura que parecía más grande que la suma de sus partes. Cuanto más lo miraba, el espacio a mí alrededor se hacía más pequeño.
Me sonrió, con los ojos brillando. No era una sonrisa amable y rápidamente bajé la mirada, sintiendo que cuanto menos contacto visual hiciéramos, sería mejor para mí. Alcancé a entrever su tatuaje “Deseo” en su muñeca, parcialmente cubierto por el reloj.
—Ellie Watt —dijo suavemente—. No me tomó mucho tiempo averiguar tu nombre real. De hecho, fue casi como si tu nombre hubiera llegado flotando a mi ventana un día. Por lo tanto, debes darte cuenta de que cuando estás prófuga y usas tu nombre real, bueno, cualquier maldito idiota puede localizarte.
Parpadeé con fuerza y moví la cabeza hacia la ventana de nuevo. Había sido tan cuidadosa con el nombre de Camden, atravesando todos los pasos para asegurarme de que nunca podría ser encontrado como Connor Malloy. Apenas hice lo mismo para mí. En el momento en que supe que Javier y sus hombres estaban detrás de mí en Palm Valley, en el momento en que nos dirigimos hacia Nevada, debería haber sido más cuidadosa, más cautelosa. Debería haberme centrado más en mí que en Camden. Javier me había seguido hasta el complejo en Laughlin y después pensé que estaba siendo astuta al tomar un viejo personaje.
No fui lo suficientemente inteligente.
—Tenía a gente esperando en Las Vegas, ya sabes —dijo, y lo pude sentir examinándose las uñas—. No fue difícil averiguar cual sería tu próximo movimiento, ya que necesitabas seguir blanqueando el dinero. Fuiste lo suficientemente arrogante para permanecer en Strip. Uno de mis hombres vio tu coche —mi coche— conduciéndose. Te siguieron al hotel, donde sin mucho esfuerzo intentaste esconderlo.
Tragué saliva. El asco borraba el fracaso en este momento.
—Ahora me doy cuenta, Ángel, que no te conocía muy bien. No sé a quién conocía. Pero sé que no eres una idiota. Querías que te encontrara. Tal vez lo has estado pidiendo desde que te escapaste.
—¿A dónde vamos? —le dije, tratando de evitar el temblor en mi respiración.
Suspiró. —Te lo dije. Al pasado.
—Tengo muchos pasados. Escoge uno.
Se echó hacia atrás en su asiento, con las piernas extendidas, la punta de su rodilla tocando mi pierna por un breve segundo. Sólo un golpecito. Su manera de recordarme dónde estaba. Miré el paisaje rocoso mientras pasaba y me pregunté cuando llegué a ser tan imprudente como para querer saltar de un vehículo en marcha.
—El de niña que mantienes tan cerrado —susurró y deseé que saliera de mi cabeza—. Y nuestro pasado. ¿Lo recuerdas? 
—No. —Y no era una gran mentira. Había tenido tantos pasados, que era fácil enterrarlos a todos entre sí. Cuando dejé a Javier hace tantos años, sólo recordé el dolor que me trajo, la humillación y el engaño durante todo el tiempo que necesité. Durante el tiempo que necesité para convertirme en otra persona, para no cometer los mismos errores otra vez. Luego lo dejé ir.
—Ahora estás tratando de hacerme daño. —No podría haber sonado menos sincero.
Me aclaré la garganta. —Tengo sed. ¿Tienes agua?
—Más tarde. Primero tenemos algo que discutir.
Volví la cabeza y le lancé una mirada asesina. —No tenemos nada de que hablar.
La esquina de su amplia boca se torció en una sonrisa. Me pregunté cómo alguna vez encontré a este hombre encantador. Debo haber estado loca.
Mi teléfono sonó, sobresaltándome. Lo busqué en el bolsillo de mi jeans pero Javier fue más rápido. Sus dedos se cerraron alrededor de mi muñeca retorciéndola dolorosamente mientras hábilmente consiguió el teléfono con la otra mano. Sostuvo mis brazos hacia abajo, sujetándome contra mi puerta, y miró la pantalla. Sus ojos brillaron por un instante antes de que pulsara el botón para bajar la ventana y luego tiró mi celular.
En un segundo, la ventana estaba cerrada de vuelta y él se encontraba sentado en su asiento como si nunca se hubiera movido y mis muñecas quedaron doloridas en mi regazo. Se alisó el pelo detrás de las orejas y sonrió para sí mismo. —No te preocupes, te daremos un teléfono nuevo.
Miré a mi muñeca, las marcas rojas de sus dedos desaparecían rápidamente. Nunca había usado la fuerza en mí antes, al menos no de una manera que no fuera sexual, y para ser sincera, fue alarmante. Por primera vez desde que había entrado al coche, me sentía realmente asustada.
¿En qué me había metido?
—Entonces, háblame de ese Camden McQueen.
Mi corazón se sacudió en mi pecho. —Estoy segura de que sabes más de él que yo.
—Averigüé mucho, sí. Pero tú... parecías ser íntima.
El ácido quemó junto a sus palabras, filtrándose a través de su fachada calmada. Realmente no quería hablar de mi relación con Camden aunque a la vez tuviera ganas de hacerlo por despecho. Le molestaba, de alguna manera, después de todo este tiempo, que yo haya estado con otro hombre. Y supongo que en algún lugar, de alguna manera, todavía guardaba rencor.
—Lo follé, si eso es a lo que te refieres —le dije sin rodeos. También le dije a Camden que lo amaba, me dije a mí misma, jugando con la frase como una granada, pero decidí que era más seguro mantenerlo dentro.
Javier se tensó a mi lado por un instante. —Tan crudo.
—Sí, bueno —le dije—, eso es lo que es.
—¿Nada más?
Lo miré en contra de mi mejor juicio. —¿Qué es lo que quieres, Javier? Estoy segura de que no puede ser si me follé a Camden o no, ya tienes tu respuesta. 
—Quiero… —dijo lentamente, prolongándolo. Se lamió los labios—. Quiero que tú y yo trabajemos juntos.
Casi me reí. De hecho, un pequeño bufido escapó de mis labios.
Levantó una ceja perfecta e inclinó la cabeza hacia mí. —¿Te parece divertido?
Mis dedos se extendieron contra mi clavícula. —Me parece horrible.
—Eden —dijo, y luego cerró los ojos y sacudió la cabeza—. Ellie. No crees que estás aquí sólo por el hecho de estar aquí, ¿verdad?
—Tú dime. Secuestraste a una madre y su hijo con el fin de encontrarme. Pagaste no sé cuánto dinero. Ahora me tienes. Para lo que sea que quieras. ¿Y me estás diciendo, después de tantos años, que me encontraste porque quieres que trabajemos juntos?
Sus ojos estaban en mí, cada vez más dorados en la luz. Fijos. Sin parpadear. Desconcertantemente estaba muy segura de que esto era una prueba. El que primero mira hacia otro lado, pierde. Sin embargo yo no iba a perder, no cuando no sabía el premio.
Lo miré de vuelta. 
—Sí —dijo después de un par de latidos. Se lamió los labios de nuevo y me hizo darme cuenta de qué tan sedienta estaba—. Podría haberte encontrado hace mucho tiempo, si realmente quería. Te habría dejado ir. Con el coche, el dinero, la falta de respuestas…
—¿La falta de respuestas? —repetí.
—Simplemente te fuiste. Sin una nota, sin una llamada telefónica. Sin respuestas. —Lentamente esbozó una sonrisa y luego volvió su atención hacia la ventana, donde un camión pasaba a toda velocidad por la carretera, dejando suciedad a su paso—. Sabes que me encantan las respuestas, ángel. Me dejaste tan solo y abandonado como si fuera las sábanas de mi madre.
Mi boca se abrió, con la lengua buscando a tientas algo concreto. —¿De qué demonios estás hablando? ¿Te dejé solo y...?
Se encogió de hombros. —No importa, es el pasado.
Era el pasado. El pasado sobre el que estaba totalmente equivocado.
—¡Me engañaste! —escupí, inmediatamente avergonzada por toda la pasión que había en mi voz.
—Cierto —dijo. Levantó la mano en el aire como si quisiera hacerme callar—. Lo hice. A veces lo olvido, que lo que hice estuvo mal. Pero eso no es nada.
No era nada. Lo que hizo, encontrarlo en la cama con una zorra pelirroja, me convirtió en quien era. Arruinó mi corazón, mi capacidad de amar, de confiar, de... vivir. Me llenó de cicatrices, tanto como Travis lo hizo. No era nada. Tal vez, tal vez debería haber sido.
Tomé una respiración profunda, sabiendo que probablemente le encantaba el hecho de que me estaba sacando de quicio. —Bueno, entonces eso fue nada. Podrías haberme encontrado hace años, por lo que dices. ¿Por qué ahora? Estás solo, ¿es eso? ¿Tener tanto dinero no es suficiente para que tu polla se corra?
Sus ojos se entrecerraron. —No soy la persona que era hace seis años, querida. Y puedo ver que tú tampoco.
Él tenía razón en eso. Javier obviamente había cambiado para peor. ¿Y yo?
Pregunta estúpida.
—Puedo entender por qué crees que te he perseguido para, uh, motivos delicados —continuó—. Pero ese no es el caso. Los dos queremos lo mismo. Y por una vez, creo que tienes la ventaja para obtenerlo.
Mi frente se arrugó. —No me digas que necesitas lecciones para ser un estafador.
Vi la primera sonrisa genuina extenderse brevemente por su cara. —Eres mucho mejor en otras cosas, Ellie. Tienes algo que yo no tengo. Tienes acceso, contactos, y en algunos casos... encantos femeninos. Dios sabe cómo me enamoré de ellos una vez.
Sus ojos se deslizaron por mi cuerpo, desde mis piernas cubiertas por el jeans a mis brazos desnudos. Hasta donde el tatuaje, su tatuaje, envolvía mi bíceps como una anaconda, exprimiendo la vida fuera de mí.
—¿Y si no te ayudo? —le dije, frotando mi garganta reseca. Tenía sed, y cuanto más pensaba en lo que Javier podría hacer si me negaba, se me secaba aún más.
—No creo que te niegues —dijo con total confianza. Se inclinó hacia delante y golpeó el cristal tintado que separaba al conductor de nosotros—. Agua, dos —dijo, y el conductor calvo se agachó y sacó dos botellas de agua. Javier me dio una y la ventana volvió a subir.
Rápidamente desenrosqué la tapa y tomé un trago largo. Estaba fría y extrañamente dulce y tomó bastante saciar mi sed.
—¿Y si me niego? —repetí, limpiándome la boca.
Lentamente tomó un sorbo de agua, con los ojos en mí, demasiado íntimo, demasiado atento. —Tengo una manera de hacer que veas las cosas en perspectiva. Ahora, bebe.
Ante eso, inmediatamente alejé la botella de mis labios.
—Tan desconfiada, Ellie —canturreó. Sentí la botella deslizarse fuera de mis manos mientras trataba de sujetarla. Él me la arrancó y me apretó el hombro, para que permanezca en el asiento. Sus dedos eran más ásperos de lo que recordaba, pero calientes, como si estuvieran impulsados por un radiador. Todo empezaba a ponerse poco preciso y entumecido. El interior del coche giraba.
—Naturalmente —prosiguió, inclinándose hacia adelante y mirándome a los ojos—, tienes el derecho de ser así. Eden White era demasiado confiada.
Mi cabeza se cayó hacia atrás en el asiento. Pude ver puntas de rayos dorados y verdes encontrando sus pupilas, las pequeñas líneas que se formaron en la esquina de sus ojos, un mechón canoso que se atrevió a mostrarse en el cabello que caía por su frente. Javier había envejecido. No había nada más aterrador.
—Duerme bien, mi ángel. —Su voz me llegó en una onda de vibración. Había remolinos de luz y entonces todo se volvió negro.

17 comentarios:

  1. alguien me lo pasa a mi corre POR FAVOR :C nildaslpez@hotmail.com GRACIAAAAS

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  2. Te agradecería que me facilitaras el pdf en inglés de Shooting Stars a este correo cupuladelibros@gmail.com. Pensamos en traducirlo y sería de gran ayuda si nos lo facilitas. Te daremos créditos si los quieres, por supuesto. ¡Saludos!

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  3. Te agradecería que me facilitaras el pdf en inglés de Shooting Stars a este correo cupuladelibros@gmail.com. Pensamos en traducirlo y sería de gran ayuda si nos lo facilitas. Te daremos créditos si los quieres, por supuesto. ¡Saludos!

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  4. Hola ya hice las felicitacioneeees!!!! Jajaja serà que me puedes enviar Shooting Scars a mi correo por fa te agradeceria muchisímooooo te lo pido es nildaslopez@hotmail.con y muchas Graciaas! 😘

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  5. Hola ya hice las felicitacioneeees!!!! Jajaja serà que me puedes enviar Shooting Scars a mi correo por fa te agradeceria muchisímooooo te lo pido es nildaslopez@hotmail.con y muchas Graciaas! 😘

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  6. Disculpa me lo podrias mandar a adriannamarsanz@outlook.com, gracias

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  7. por favor me muero por este libro mandamelo por favor
    solangelbigay@gmail.com

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  8. Podrian mandarmelo? aixatoledano@gmail.com o aixa_055@hotmail.com

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  9. Hola! Por favor si tenes el libro completo en español me HARIAS UN GRAN FAVOR SI ME LO PASAS, necesito leerlo. Mi correo es: ceeci.96_peace@hotmail.com Graaaaacias! :)

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  10. podrian pasarmelo en inglés por favor sanchezmaciastv@hotmail.com GRACIAS

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  11. hola!! podrían enviármelo mi correo es samikaulitz25@gmail.com mil gracias

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  12. Hola!!
    Me lo podrían mandar por favor mi correo es:
    luna_mora12@hotmail.com
    Muchas gracias..!

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  13. por favor me podrian mandar esta novela al correo lesli.dayana@gmail.com quiero leerla me encanta

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  14. hola me muero por leerlo me lo mandas por favor
    asterbrittanamale@gmail.com
    gracias

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  15. HOLA!! ÉSTA SAGA ME TIENE ATRAPADÍSIMA!! CUANDO TENDRAS LA TRADUCCIÓN DE BOLD TRICKS??

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